Gilberto y Nuevo Ser

 

Fue dada la insistencia de amistades y familiares que me animé a tratar de dar a conocer mis obras y afortunadamente al encontrar, vía internet, la convocatoria al concurso Mundo Literario 2005 y participar en él se dio la oportunidad de hacerlo, la que se repitió con el proyecto Letras y Voces 2006, ambos auspiciados or Nuevo Ser.
 
Para mí la relación con la editorial Nuevo Ser ha sido gratificante, pues ha sido fluida—siempre vía internet— y el hecho de que obras de mi autoría hayan sido incluidas en los dos libros antes mencionados me ha hecho sentir como un niño al despertar un agraciado “Día de Reyes”. Cada publicación es un hermoso regalo, tanto por su calidad técnica como por su contenido, preñado de sentimiento y valor humano.
 
Creo que la idea de editar antologías con obras de autores de diferentes nacionalidades es un acierto porque aporta enseñanza y contribuye a unir mediante el empeño literario a seres con comunidad de sentimientos.
 
De una sola cosa me lamento y es de no haber podido asistir a la presentación de los libros, pero no pierdo la esperanza de lograrlo y así ver cumplido también un viejo sueño: viajar a Argentina y estar en la bella ciudad de Buenos Aires y, por qué no, recorrer un pedacito de la pampa de la mano del recuerdo de  “Don Segundo Sombra”.
 
Adelante amigos, que esta labor me ha demostrado que dar a conocer lo que se escribe puede ayudar a quienes lo hacen y a quienes lo leen.

 

Gilberto y la literatura

 

Comencé a escribir desde niño cuando cursaba los estudios primarios y fresca está aún en mi memoria la ocasión en que brotaron mis primeros tres versos que dediqué a mi mamá  un Día de las Madres; pero fue a partir de mi etapa de adolescente en que ello se hizo más frecuente y siempre al influjo de la inspiración.
 
En realidad no escribía pensando en la posibilidad de su publicación, pues nunca me he considerado un profesional de las letras—sencillamente porque no lo soy— y sí un hombre de raíz obrera en el que el hecho de escribir obedece a una necesidad de hacerlo, quizás en buena medida para hablar y encontrarme conmigo mismo.